21 sep. 2017

Crátilo

Alá dijo empecemos a llamar a las cosas por su nombre, palabras según Crátilo, amigo del hermoso Hermógenes, otro loco platónico estudioso de la eponimia, de esos a los que Sócrates lleva a fisurar un pancho al carrito para que le pregunten si tiene “savora” y un dadaísta lo atienda y le diga: “Cristo de la filosofía occidental, tiene una miga en la comisura labial de su boca del pancho anterior que se clavó por el orto”, y el filósofo pederasta asombrado pregunte: ¿Qué miga? y el jocoso filósofo Dadá le grite: ¡Mi-garcha viejo sodomizado” Hijo de Fenaretra. ¡Volá de acá Mangangá! Otra cosa son sus homonimias ejemplares: Sus ninfas, no sos más que metamorfosis de mujeres hermosas. Botas locas, votas a Cristina forro y la puta que te parió negro sucio comedor de chipá. Apotegmas, anacolutos, metáforas anales. Chistes de mierda, pero válidos para arruinar cualquier intento de hablar con Zaratustra. Así hablablabla

Anosmia

Título: "Seré momia en la tormenta"
Autor: Diego Adrián Solari
Traducción: Minnie Dolly Levoff de Vainstein
Editorial: Indios ateos

El perfume de la tempestad,
se aspira inspirado,
L'eau de l'air.

La fragancia del veneno siniestro,
que una flor hace gota de néctar,
quien la libase, soñaría.

Dios nos mea y los del campo le damos gracias.
Dios nos apedrea y en la ciudad dilapidamos.
Dios nos hace hombres y cuidamos mascotas.

La Virgen de Luján

Dicen los que de ella están al tanto que se les aparece de noche y se duerme de día sin pestañar, alucinando a los peregrinos gregarios en trance hipnótico, en una vigilia perpetuada por sus capillas erigidas como basílicas, con verdaderos aires de santa macumba, mística de los pobres adormilados y maríamente ensoñados con sus pesadillas compartidas inspiradas en putas diablas y brujas terrajas.
Dicen los buscadores de milagros que los protege de vivir bendecidos en su divina gracia.
Cuando Dios abandona a los escépticos, ateos, agnósticos, solipsistas, nihilistas y científicos locos, ella es quien en el nombre del padre, del hijo y del humito plástico arremolinado, va con todo y a por todos, a restituir la fe. El cuerpo no piensa en el amor, lo hace mecánicamente, como un ejercicio sexual gimnástico. El sopor de sus bostezos, era signo vital de aquellos controles de alcoholemia y casmodia, fenoménico y malsano, narcótico e inconsciente.
María volvía a su casa y revolvía sus cosas perdidas, en busca del pijorrito, un Piturro, para su pábilo pánfilo. Eso quería, algo para fumarse de una pitada seca de boca el cañamazo de la banalidad de todas las marías que pensaban en ella en ese momento, toritas cascarudas, coleptéricas coprofágicas bicheras.
Ya sin asilo político en la embajada argentina de Chile, cerrada como todos los domingos, le parecía que todas las puertas se abrian a su paso por su andar tan altanero y desesperado.
Entonces, fue el ojo de la tormenta que la miró y ella lo vio, como diciéndole: “Yo soy el huracán Juliana” ¿Qué me mirás? No me mires o te uso de pipa para quemar la turbina. Así las chapas de aquel rancho de un pueblo nuevo, donde se daba la alianza nueva y eterna, de la futura civilización, empezaron a volarse hasta llegar desperdigadas a la localidad de Chiapas, en México.
Allá donde todo no vale nada, es decir, que no cuesta un peso en relación a un dólar.

6 sep. 2016

Psicoanalistas medicados

Después de leer tantos artículos relacionados con el rendimiento académico y el abuso de drogas psicotrópicas, no puedo sacar conclusiones que fundamenten su uso, indicación y recomendación. El dosaje de 10 mg. en sangre es imperceptible y la dosificación en bajas cantidades son cosas distintas e infinitesimales; pero este no es el punto álgido de la cuestión que quiero traer a colación. El tema es el siguiente: Nos interesa tratar las adicciones y la hiperactividad con metilfenidato, sertralina y clonazepam. Vemos que los pacientes reaccionan violentamente si se le sustrae o se le suprime la química, sino se regula con una dosis de quetiapina, risperidona, o lamotrigina. No hay un chaleco químico que pueda garantizar que el adicto no consuma, ni se deprima y que pueda aplicar toda su energía en actividades vitales, en su gran mayoría son obsesivos compulsivos. Aún en las psicosis. Se puede controlar la paranoia, pero no el delirio ni la depresión. Este abordaje aproximativo a la problemática deja mucho que desear en cuestiones experimentales y condiciones económico-socio-culturales. Hay casos en los que la medicación no ayuda y la terapia no surte efecto para la supresión de síntomas, ni a largo, ni a corto plazo. Estos son los casos que nos llaman la atención, los que los profesionales que no tienen la más puta idea de lo que es la enfermedad mental no se animan a tratar. La articulación interdisciplinaria dicen que es la piedra angular de toque para la cura, esto no se da, y no se dará, y jamás se dio. Es una vergüenza que el sistema de salud tenga tantas deficiencias.

16 ago. 2016

Histeria nasal

"Nasología" en italiano significa rinología. No es un chiste para analizar sin reirse, que solo lo entienden los psicoanalistas que jugando con las palabras inconscientemente estructuran el lenguaje inventando un neologísmo para retomar un tema que ya fue tratado por Freud y Fliess en sus momentos de delirio, para hacer diagnósticos basados en la "nosografía del naso". Los lingüistas no se molestan en los neologísmos.  Se trata articular la rinología y el psicoanálisis, con la intención de poder detectar a primera vista adictos a la cocaína de manera presuntiva, sin necesidad de indicar estudios complementarios costosos. Me inspira lo que aspiro, que no es precisamente aire. Todo se lo debo a mi nariz y no a la cocaína. Precisamente cuando las cavidades están afectadas por dicha droga, hay que dejar un registro. Y de esta forma, poder diagnósticar nosotros abstinencia por consumo de cocaína libremente y no tener que ir a un médico clínico para dar algunas pocas horas de reposo por una congestión nasal. La psicología no se interesa en los trastornos temporo-mandibulares, pero pretende determinar las causas del bruxismo porque no tiene la menor idea del valor de la caracterología; sus aportes a la semiología son escasos como el conocimiento de cualquier rama de la salud que tenga un órgano. En cambio los psicoanalistas a pesar de no dedicarse a la psiquiatría, saben de medicina y enfermedades, todo lo contrario a la salud. El consumidor habitual de cocaína constantemente tiene rinorrea bilateral, clara hialina que se asocia a una disminución o pérdida del olfato, formación de costras nasales, epistaxis, así como perforación del tabique nasal. En adolescentes y adultos jóvenes varones se sospecha un angiofibroma juvenil en las epistaxis recurrentes unilaterales asociadas a una obstrucción unilateral. En los adultos jóvenes de ambos sexos se debe descartar la inhalación de cocaína. Por su calidad, la rinorrea se clasifica en acuosa, mucoide, mucopurulenta, o hemática. Por su aspecto, en clara y diluida, blanca y espesa, amarilla, verdosa y hemorrágica, entre otras. Se denomina normosmia a la capacidad normal de olfacción y anosmia a la incapacidad completa para oler. Hiposmia es la disminución de la capacidad cuantitativa de olfacción. Las alteraciones en la percepción cualitativa de olores se denominan disosmias, e incluyen la fantosmia (percepción de un olor sin estímulo presente) y la parosmia (alteración en la percepción olfatoria ante la exposición a un determinado estímulo oloroso). Y la hiperosmia, se supone que es un cocainómano con alucinaciones olfativas o un perro policía, Una de las tantas características de los cocainómanos es que inhalan y expulsan, el verdadero goce corporal es cuando logran desenquistar y extirparse el tapón de moco y examinarlo. Por eso, todo psicoanalista que se diga experto en adicciones debe saber de citología para poder valorar la prueba del estado de la droga para saber en que condiciones está no solo la el aparato bucofringeo, la cavidad nasal, y por sobre todo la gravedad del caso. Si existen tantos estudios sobre el lenguaje corporal, nadie puede negar que la nariz al tener dos orificios habla el doble sin necesidad de mediar palabra alguna. Ni hablar de la rinotiloexomanía, la psicosis nasal, las dismofofobias, y los estigmas genéticos. Esto es lo mínimo indispensable que debe saber un profesional de la salud especialista en adicciones.

24 jul. 2016

Himen o la catequista

Empezamos a ver que los seres queridos desaparecen cuando uno más los necesita. Estamos en una guerra a favor de quien se declara contra sí mismo por una pasión malsana, un masoquismo letal y una vida peligrosa incitada por el surrealismo y el desprecio por todo lo que la sociedad exige. Para defendernos del mal del mundo, creemos que existe el amor, y si no hay whisky o un buen geniol, es que de verdad no hay nada más para dar que un cuerpo exhausto, enfermo y cansado. Así de egoístas somos, soñamos con camas en la calle para apretar en la esquina y mear contra la pared; buscamos laburo a la mañana porque queremos trabajar para que ellas no se rompan el orto y bancarle la joda a las putas. Entonces, los hijos de puta seguimos masticándole el pellejo de la yema de los dedos al guitarrista prodigio, que se lava las manos con el jaboncito de tocador del telo, para no tener ideas de contaminación por los gérmenes del baño. Seamos más humanos y dejemos al universo intacto, tal cual está, y saquémonos de las cabeza la idea de cambiar el mundo. Todo es como debe ser. La pobreza, el hambre, el crimen, la violencia, el suicidio, la enfermedad, son más viejas que la injusticia y no hay Dios que pueda salvar a la humanidad con todas sus miserias. Felices serán aquellos que vivan para darle una mano a los que siempre la tienen extendida para pedir ayuda.

18 jul. 2016

Himen o las escondidas

Himen, era puesta en tela de juicio porque por el arrabal amargo donde solía andar dando vida, ya nadie sabía nada de ella. El poeta la extrañaba tanto como a su propia vida, sentía que se diluía, se desmembraba, desaparecía como por arte de una ilusión óptica agravada por la ceguera que aqueja a los borgeanos. Ya no pintaba de colores su pincel, todo era gris topo, oscuro y frío. A las luces que se filtraban escurridizas por los intersticios de las ventanas, las persianas bajas hasta el tope le denegaban el acceso; la gran muralla ocultaba los haces de la mañana y las cortinas no permitían que penetrase en las habitaciones el aura luminiscente que antaño los alumbraba. Las sombras y las tinieblas lo habían cubierto todo. Se avecinaba una terrible y macabra soledad, negra y fiera, como la muerte. La pobre gente se quejaba de los aumentos de la luz y el gas, el agua y el pan. El precio de las cosas estaba por las nubes y los que antes viajaban en avión ahora viajarían en tren. La realidad era tan precaria como podía ser. Eran tiempos de austeridad, angustia y hambruna. Si se escuchaba algún tango por ahí cada 2x4, no era una remembranza feliz, sino melancólica, apenada y mendiga. Añorar tiempos mejores sumía más en lo profundo del barro los corazones de las almas atormentadas que transitaban lentamente por las calles, encerradas en cuerpos ateridos. Sentían dolor por el color perdido, y sumidos cada vez más en la tristeza se sumergían en una profunda depresión. No había más remedio, la tortura era inevitable. Los psicoanalistas ya no interpretaban sueños, a duras penas percibían las pesadillas de vuelos fugaces de enfermos que acariciaban el suicidio como única salida. Ya sin esperanzas, agotadas las fuerzas y lastimados los cuerpos, descendieron al abismo y en silencio se durmieron con los ojos abiertos a esperar que pase lo peor. Faltaba mucho para la llegada de la bella estación.

14 jul. 2016

Himen o los arlequines

Himen, la vieja bailarina absurda de los circos del conurbano, ya en las alturas la equilibrista caminaba sobre la cuerda floja, sin arnés de prueba, ni red de contención que amortiguara su caída. Todo el público presente con la mirada enfocada en sus pies escuchaba el "ptrrr" de los redobles característicos de ese membranófono instrumento. Ella llegó a los 15 metros y trastabilló a propósito para aumentar la tensión de los espectadores que al unísono asombrados exclamaron un "ah" prolongado.  Los 20 restantes los cruzó corriendo grácil y liviana. La ovación fue con aplausos, gritos y chiflidos típicos de la escena circense y sus clisés. Todo esto pasó en el sueño del poeta que se había quedado dormido con el televisor encendido viendo un video del Cirque Du Soleil. Al despertar se sintió digno de quedarse tirado en su cama interpretando los elementos del sueño. Analizó aquella epifanía como un regalo de la diosa, se dio por bendecido al saborear esa probada que había recibido en sueños. No necesitaba contárselo a su psicoanalista. Himen, la domadora de leones, era su deseo más preciado. No sé por qué causa, razón, motivo o circunstancia se levantó y se acodó así como estaba en el alfeizar de la ventana. Vio pasar una flaca blonda con un caniche toy blanco algodón con un pom-pom en la cola por la calle y pensó si ese perro hubiera sido capaz de cruzar de un salto el aro de fuego; lo más probable hubiera sido que no, ya que ese perrito faldero era una criatura indefensa que se aprovechaba de la sobreprotección de su ama y gozaba de la defensa de la sociedad protectora de animales, por no ser de pedigree. El poeta que creía en los mitos evocó al cancerbero porque en sus estados de inconsciencia los perros de la calle lo seguían y se reían de él. En cierta ocasión llegó a su casa con un lebrel, otra con un rottweiler, otra con un labrador de aguas, pero nunca se los quedó ni pidió recompensa. Los devolvía a sus criadores sin criadero, razón por la cual nadie nunca jamás osó tratarlo de secuestrador de mascotas. Cuando el era un animal, la bestia lo respetaba porque era reducida a su condición de inferior, sino sucedía todo lo contrario. Estos juegos eran un claro síntoma de un duelo patológico. La muerte de Newton. Desde que perdió a su último perro anduvo por criaderos sin concretar una compra. Quería un gran danés arlequín, para nombrarlo Bruto, pero nadie quería hacerse cargo de tamaño perro en caso de que el dueño tuviera que ausentarse. El jardín de la casa de su madre era el lugar perfecto, así que decidió que para navidad se regalaría uno y juraría dejar la bebida con tal de que le dejen recoger la mierda de ese perro con sus propias manos. Así la paranoia cesaría y la amistad sería restablecida como versa el viejo adagio. Himen, la perro preñada, desaprobaba por completo este real capricho. Ella no quería un perro, sino dos, un macho y una hembra, que sean hermanos de una misma madre o al menos de un mismo padre. Perros de buena genética probarían que el incesto no es más que un tabú y que la monstruosidad supuesta de la reproducción endogámica, es puro cuento de vieja chismosa. El poeta lo sabía y respetaba su designio. Había que comprar una pareja de perros de raza del mismo stud pero de distinta camada. Del caso no se habló más. Así y solo así, Himen, celebraría en incestuoso himeneo, la formación de una pareja.

Himen o la súplica

Himen te imploro, ten piedad de mi y aceptes estos versos en tu divina gracia, sin odio.

Grácil y ligera, eras por tus bellas y lerdas putañías.
Iridiscente y pálida, por tus ojos de porcelana fría.
Maravillosa y misteriosa, por tu aroma invernal.
Encantadora y depravada, por tu mortífero sexo.

El poeta no dejaba de invocarla para presentificarla en lo real de su escencia.
El hombre no la llamaba, se limitaba a buscarla como un cazador al asecho.
El animal no la nombraba, solo podía maullar haciendo alarde de su fuerza.
El alma vagarosa se desprendía de todo bien material para preservar su recuerdo.
El filósofo pensaba en ella y su naturaleza divina. La metafísica no le alcanzaba.
El religioso oraba y rogaba a Dios y a todos los santos para que se apiadara de ella.
El ginecólogo no había visto algo tan perfecto, sano e higiénico como aquella vulva.
El abogado no tenía derecho para incriminarla. Solo defendía su causa ante la justicia.
El psiquiatrónico le recetaba los fármacos archivados bajo lista IV para drogarla.
El diseñador confeccionaba los atuendos más creativos y atrevidos de la moda europea.
El arquitecto le había construido un palacio y una fuente de cristal en un patio de prisión.
El millonario había dejado todo testado a su nombre para que al fenecer ella sea millonaria.
El orfebre judío le regalaba las alhajas más costosas hechas con sus diamantes más caros.
El artesano moldeaba vasijas y cántaros para que siempre pudiera juntar agua de lluvia.
El taxidermista embalsamaba los animales más exóticos en peligro de extinción para ella.
El compositor componía una sonata por día para despertarla de su sueño profundo y eterno.
El músico ejecutaba las piezas más bellas para inducirla al sueño y protegerla de las pesadillas.
El adivino le auguraba buenas nuevas y la pitonisa aseveraba y asentía dándole fe a sus noticias.
El actor la divertía representando obras que el dramaturgo dirigía exclusivamente para su alegría.
El maestro de danza la ejercitaba en los pasos más delicados y sublimes de los bailes de salón.
El tanguero le enseñaba a sentir el tango del barrio reo acompañado de su guitarra y su fuelle.
El mundo entero se abría ante sus pies y en todas partes se hablaba de ella, de Himen, la Diosa.

8 jul. 2016

Himen o la iletrada

Su manera de hacer las cosas era muy distinta a su forma de ser. Por ende, no existía. Tan peculiar y a la vez tan distinta se igualaba con lo mismo de siempre. Se preguntaba dónde estaban los poetas hasta el cansancio. Largas noches de insomnio pasaban, todos se daban cuenta que el poeta no lo sabía. Así reían los demás, mientras tanto alguien se moría sin una respuesta razonable. Las palabras escaseaban, las frases hechas abundaban, las oraciones no alcanzaban a Dios y las plegarias quedaban encerradas en la bóveda de la capilla, incapaces de elevarse a la bóveda celestial más allá del éter. Esas cosas de la vida lo llevaban todos los días a hacer lo mismo, como un ritual sin un entierro, en una caravana directo a la funeraria por la vía regia que da al infinito. El carnaval y las fiestas se habían vuelto mascaradas de ferias; los recitales en grandes estadios, se habían transformado en bailongos y pachangas de clubes de barrio. No solo por la falta de vento, sino por la falta de cultura. Nadie leía porque nadie escribía. Nadie decía nada porque nadie escuchaba. Y nadie era nada, por una convención momentánea, el poeta hacia la excepción para decirle al mundo algo importante. Ante el universo detenido y el sol paralizado, el curso de la tierra se interrumpió para que en el cosmos quedara perdida su buena estrella.