12 oct 2019

Danza tribal


Valiente el indio bebe la escupida chamánica, el esputo brujo, el espumarajo espiritual, el elixir que a punto de macumba le brinda el don de fluir y ver las estelas como por una diplopía incurable a primera vista, el movimiento continuo de todo lo que habita alrededor de la pacha bajo el mismo sol que todo lo ilumina. El animal de raza transpira su sudor, el monstruo canta, la bestia grita, el hombre dice que habla y no dice, nada. Así el fuego sagrado del corazón arde envuelto en las llamas que un demonio robó del Olimpo, el mismo que algún mortal aprendió a hacer de los dioses. El rayo, la tormenta, la nube, el viento que trae coplas en cuatro tonos, que siempre son cuatro. Viven los pueblos originarios, el espíritu de la selva, el curupí del monte, el diablo del corral, la sombra del aliado, las leyendas más cruentas que van del salvajismo al ritualismo sanguinario de la imaginación inagotable inspirada por la naturaleza, aspiraciones del polvo incaico, el cacao, el mezcal, los humitos y todas las plantitas venenosas que elevan al aborigen a los cielos en alto vuelo, por las noches hasta la luna y más allá de las estrellas, y que agrandan sus pupilas para dejar entrar la luz que resalta los colores del entorno en todo su esplendor. Las culturas primitivas van de la antropofagia más caníbal a la solidaridad más orgánica, del sacrificio animal a las batallas más aguerridas, la desgracia, el martirio, la segregación.
La conquista del territorio y la defensa de lo propio, la inquebrantable tradición de la creencia que hace posible la eficacia de toda magia simbólica. La cura y la locura, la muerte que no es sino una partida glorificada; quizás experimenten la pena, la vergüenza y la culpa. Recomiendo una lectura en este día que celebra la "diversidad cultural", titulada “Totem y Tabú”, escrita por el gran cacique del psicoanálisis.

A contraluz


Se despertó cuando el mundo se durmió, por el grito de un solitario que rompió el silencio mortuorio de las calles e hizo retumbar su eco en el cielo abovedado por una luna naciente, lívida y mortecina.

Se escuchó la quejumbrosa carraspera tordilla, una enorme corneta taponada por los mocos que a todo pulmón y resoplidos no se podía desenquistar ni con el ablandamiento por la aspiración del precioso líquido que causa hidrocefalia y la consecuente e inevitable agrandamiento de la testa liofilizada.

Se durmió cuando el mundo se despertó, por las luces de otra aurora que disipó las sombras que cobijaron sus ideas más oscuras durante los momentos de mayor luminosidad del alma.

Se marchitó la flor porque nadie la regó, todos hablaban de los beneficios del agua y lo importante que eran tomar determinada cantidad de líquido, de sus propiedades curativas, mientras la planta se secaba y a duras penas escuchaba, sin poder decirles que ella necesitaba lo vital.

Se cansó y mandó el mundo a la mierda, espantó a los pájaros, desenchufó los artefactos y se sentó a tomar sol en el balcón en pelotas, a mostrar su hombría al astro, porque estaba de luto por la muerte de aquel ser tan querido, que había sido enterrado vivo para darle una sepultura.

Se olvidó de las pequeñas cosas, después de las grandes, después de todo. Y así mismo, de sí, para sí, se dijo: “No me acuerdo de nada”, y se sintió que cargaba con la madre de todas las amnesias y el padre de todas las resacas.

Se vistió de mujer para pasar un día con los hombres. Se transformó en una especie de semidios que nunca mató un ciervo pero tocaba lindas fibras íntimas y tensaba las cuerdas como las parcas hilanderas estiran la vida de las marionetas.

Se imaginó que quedarse debía ser tan triste como irse, más cuando se anda tan lejos de la argentina, ese país grande y al pedo donde viven los suyos, tan de todos y tan de nadie.

Se lastimó y herido por vivir la extraña sensación de haber vislumbrado una desmentida detrás del velo que recubre la verdad del amor que es correspondido a media luz. Su alma había sido encadenada, rompió las cadenas y cedieron los grilletes.

Se quitó el zarzo invisible y pudo sentir las manos libres para tocarle el culo a la memoria, así curó su astereognosia y largó la botella para chuparle las tetas a todas las mujerzuela que alguna vez fueron novias del olvido.

Se olvidó de recordar para no ser causa del pasado ni efecto del futuro, sino el presente representado por su único representante representativo. El verdadero falso, porque fue falseado forzosamente por un feo farsante falsificador de la falta falaz de un forro fanfarrón. Fue fuerte cuando se fue y feliz al volver a ver su reflejo en el espejo interior.

30 ago 2019

Boda Griega



Los cosos de al lado están de fiesta, y sin ser invitado uno se convida a sí mismo, como probando a probarse probo, probeta proletario, corte zurdo siniestro y ahora que se acabó la joda de las abogadas, pensamos en darnos más que antes, antes de ayer, menos que pasado mañana, hoy juntamos las cenizas y pagamos los platos rotos a la griega sin llorar por la leche derramada.

Queso ruso


Al otro lado del río, se rien de mí.
Lacrimosos mozos que nadan.
A seguir remando en el remanso.
Nada que nada, y encima patalea.

Jugar con juguetes perdidos.
Andan, si van, si están, andan.
Castellano rioplatense lunfa.
Otorrinolaringolo o rinópata.
Boludo, yo? Vos sos igual a mí.
O no tan distintos. Sino diferentes.

Pan comido y tus penas son flojas.
A taco y a lonjazo, a fusta y a rebencazos.
Tan tangado y tan marcada la hebilla.
Tortazos, y a patadas en el culo por la calle.

Y vos muchacho loco, esto te lo digo por tu bien,
Vos que la ves todo en color de rosas,
Andás a punto de quedarte a pie,
con diez copas y algo más,
seguís pensando en esa muñeca,
que siempre te dijo que la cortes.
Y con el corazón vencido,
decime nene que hacés,
dando por perdido algo que nunca tuviste.
Un cacho de corazón.


Todos te van a dar poro muerto.

14 feb 2019

Un polvo, y nada más.


Algunos se despiertan pensando en oler el perfume de las hojas de un cuaderno verde; los que no pueden dormir rayan tizas de colores para esparcirlas en los espacios en blanco para no sentir el horror vacuo y ver el difuminado sfumatto; y los que sueñan despiertos se sienten a gusto con el despertar de la hermosa mañana, con las luces de la luna acurrucada por otro sol de la aurora, o a penas atisbada y su lívido pigmento, ya gastados por el aire de la atmósfera.
La sed de justicia no es más que una calentura que transforma el rosa en rojo, una especie de ensoñación eterna, una parasomnia pigmentada mezclada con el terror nocturno que se reputa la existencia entre la negrura tenebrista y la luz barroca, lo que se llama en lenguaje plástico, el valor.
Hay un tornasolado, despertándose; lo dulce contra la amargura del ser para la muerte.
Hay ciertas personas que no aguantan más que la necesidad, otras la sinceridad. Cautivos del encanto; no es para pensarlo con un biabazo bravo a los tortazos. Se escuchan las campanas de la iglesia a lo lejos y la enredadera garrapatea esas almas para hacerlas parte de sus humedades.
 Las catedrales muertas y los templos sagrados, no sufren el paso del tiempo porque son parte de la religión, existen perpetuando la eternidad imaginaria que permite a los mortales contemplar la inmensidad inmutable.
Soy incapaz de hacerle daño a alguien, por mi letargo celestial y mi credulidad.
El pasado irrumpe con toda su furia para acobardar a los que hacemos historia.
Quizás todavía no te hayas dado cuenta, pero la eternidad imaginaria es más que un momento.
No tengo tiempo para trascender, ya repliqué mis genes, amé y odié más de mil vidas.
Tengo una vida fuerte y nunca estuve más debajo de mis propios pies. Amo tu sexo.
¿A quién le vendí mi alma? Al ángel de la eta y a la gloria que tuve por tocar el arpa de todas esas mujeres que me amaron y a aquellos hombres tristes que también me tuvieron entre dientes.
Espero que comprendas que los cuerpos no esperan volverse polvo, tampoco los espejos transformarse en arena; las botellas de vidrio no se hacen soplando…las de plástico sí.
Esta poesía se explica por sí sola, es algo fácil de leer a primera vista, como un acorde sostenido en los hilos de un pentagrama, pero imposible de recitar solfeada si no llega a tocar el fondo y resonar con una voz profunda, grave o altísima.
Solo sé que alguien se asoma por mi ventana que da al rojo cadmio al óleo, a la nube violeta purpurina alilado, al anaranjado atardecer furioso, al amarillo amor
Sostengo el sol en las manos para que no se caiga y se hunda en el horizonte gigante. Ella era como Cristóbal Colón, con ese corte de pelo y sus reyes católicos buscando el pasaje a las indias. Genovesa que no ves. Tengo una teoría que no es un alacrán, él era mujer. La pinta, la niña y la María, ¿Qué pirata llamaría así a sus carabelas?
Tu ser puede que te duela al fin cuando sepan la forma de tu alma.

¿Cómo hacer para saber si la pasión es el humo o la mecha de la llama?
¿Cómo se inició el incendio? Preguntó el bombero loco del matafuego.
Solo sé que la naturaleza del fuego es ir hacia arriba, respondió el quemado.

¿Quedamos en que yo pasaba a rescatarte? Dijo el que apagaba incendios.
Sí, pero era yo el que dominaba las artes del fuego. Replicó el pirómano.
¿Vos no tenías que estar envuelto en llamas? Inquirió el fuego extinto.

Que difícil tratar de irme de la puerta. Ladró el perro de los bomberos.
Siempre espero las cenizas. Añadió el Fénix a punto de resurgir.
No por él humo, no por el oxígeno, sino por las ruinas. Pensó el incendio.

Nunca me aguanto la ansiedad.  Gritó el hombre envuelto en llamas.
¿Qué más podés esperar de mí? Respondió la manguera.
Solo soy un balde con arena. Explicó el rescatista sofocado.

Antes que correr, prefiero volar con mis alitas de ángel caído.
No me tiré sin pensar en si se abriría el paracaídas. Dijo el buzo táctico.
Casi siempre caigo en las redes de la tierra o a los pies de cualquier mortal.
Como las hojas de los árboles en otoño. Supuso un poeta borgeano.

No hay amigos, solo una amiga solo el sol entiende la luz del amanecer.
Dioses que no duermen en el mes de las fiestas, estallaron los fuegos de artificio.
¿No será que al consumirnos decimos el verbo? ¡Vamos a asar esa carne!
Veo un cuerpo persistir, corriendo hacia sí fuera de sí.

¿Por qué tu amor puede obligar? El aire le dijo al viento.
Lo mismo da correr o parar. Respondió el aire arremolinado.
Yo te sigo casi sin necesidad. El dióxido de carbono, lloró.
Como un perro tengo que ladrarte. ¿Dijo el D’alma’ta?

Ya nadie escucha nunca nada de nada. Se oyó el sueño del Cielo.
Yo estoy tan solo, blanco iridiscente. Se oyó el chico de la calle.
Ya nadie dice que quizás el amor vuelva un día. Se dijo a sí mismo el odio.
Yo estoy tan solo, ciego incandescente. Pensó el florista borracho.

Creo que siempre hay un señor. Dijo Dios.
con un don especial y un látigo. Dijo el Diablo.
Leí en un libro de sal la palabra fin. Dijo el ángel.
Decía simplemente estas palabras en su justa medida:
“Del polvo venimos…y al polvo vamos.

Con mis ojos yo solo veo cosas que ya no sé si son verdes o rosas.
Con sus ojos dice todo sobre mí, leen todo lo que de ella escribo.
Con mis manos toco todo lo que ya fue rozado por la brisa de verano.
Con sus manos junta las hebras del aire, las apresa y las deja partir.
Con mi voz llego a su alma de piedra.
Con su voz leo lo que escribo en el cielo.

La mañana tiene una herida abierta hecha débilmente por la noche de estrellas ausentes y el sueño lunar eclipsante…así recomienza el niño luminoso, tan pendiente de las horas, escuchando un tango sentado en la avenida.

El mediodía es el momento del día en el que hay que perder la esperanza, porque el amor no vuelve un día normal, aparece una tarde gris, con su cuerpo hermoso y radiante, con su andar de hombre feliz, la noche trastornada trae un cambio que convierte los colores en sombras extrañas.

¿Quién sabe qué te susurra esta memoria que se parece a la niebla que obstruye la luz?
Por mi ventana pasa el Buquebus que va para Colonia, yo por vos cruzo a nado el Río de la Plata.

10 dic 2018

De San Telmo a San Isidro


Una vez caminó desalmado de San Telmo a San Isidro y fue tan grande la distancia que cubrió a pie que rompió su propia marca registrada; recordando aquella vez que le metió pata de Chacarita “El Teatro” a la estación “Marina Nueva” en San Fernando.
Cada tanto le pasa, generalmente cuando anda sin plata y usa indiscriminadamente la frase: “El que no usa la cabeza usa los pies” y se dice: “Loco lindo que te comés las veredas”, “te tomas un licuado de asfalto y seguís”; “La calle no es un buen lugar para vivir ni para morir”, esas cosas son las que piensa mientras avanza directo al infinito. La manzana de las luces lo cegó. Se sentó a fumar un cigarrillo en la puerta del Colegio Nacional cuando su energía vital empezó a disminuir y aminoraba su marcha enlentecida a paso cansino.
Ensoñado andaba sin rumbo por la Buenos Aires histórica y en cada reencarnación su locura se agravaba y  a la vez crecía el artista que había en él hasta llegar a la creación de un nuevo ser y por esa creatividad lo designaban residente prestigiosos médicos psiquiatras y políticos de la época de los radicales.
                El psiquiatrónico es un personaje de antología, siempre está presente en declaraciones de eminencias en medicina, literatura y música, aparece en actos fundacionales, está presente en inauguraciones artísticas y edilicias, centenarios y bicentenarios, celebraciones, brindis y tertulias, natalicios y funerales, etc. de las más altas clases sociales, hasta el más bajo fondo marginal donde el barrio se vuelve arrabal amargo.
                Cada vez que sueña su inconsciente lo lleva a lugares insólitos, inexplorados, inverosímiles, los analistas no tienen nada que hacer porque no hay elaboración secundaria posible, ni siquiera en narraciones extraordinarias pueden expresar sus epifanías; el mundo de los placeres oníricos supera toda oniromancia fantástica, será que el interpretador de sueños todavía no está preparado para ahondar en profundidad en esas revelaciones de otras mutaciones.
                Nunca puede conseguir más referencias que en la “Traumdeutung” freudiana para saber más sobre Artemidoro de Dalcis.
                Cuando la realidad es precaria el inconsciente se pone productivo.
                En el séptimo día no descansa, sino que sale a timbrear en nombre de Dios y las puertas se abren, y la gente le da las gracias, bendice los hogares, le regala rosarios a la policía, a esa fuerza que tantos problemas le trae cuando camina solo de noche por una ciudad peligrosa y plagada de pobres y llena de ricos.
                Las cartas que escribía membretadas eran más que recetas, eran poemas para recuperar la salud de los impacientes que desesperados buscaban la solución de sus micro-crisis maniaco-depresivas. Me causan gracia, pero no me rio, ni me alegran, ni mucho menos burla.
                Era algo más que un profesional de la salud mental, era un artista encubierto.
¿Quién dice que todos los artistas están locos? No soy solo yo quien dice que los locos no son artistas. Son enfermos en su gran mayoría. Por eso, hay que fomentar y celebrar los actos del insano. Es lo más beneficioso para que en sus leves lapsos de mística química, sean en esos raptos de genialidad, participes del Gran Otro. Se les permite, no por piedad, sino por ser agente de la salud mental.
                Cuando hay que internar, diagnosticar y medicar, no tiene que temblar el pulso, ni faltar los argumentos, ni los fundamentos científicos, ni mucho menos las pruebas concretas.         
                Será justicia en tanto y en cuanto se respete la condición. Más allá de la ley orgánica, hay que cuidar la imagen.
                Discapacitar es como discar el número de PAMI escucha, primero se dice y después se hace. Capacitar, es capar y citar.
                Así se volvió a replegar en sí mismo, porque la deuda era impagable, por más que trabaje el psiquiatrónico no veía sus emolumentos, sus honorarios eran escasísimos, no podía cobrar lo que debía, y pagaba con su persona, con su tiempo, vendía hasta lo que no tenía y no alcanzaba.
                Un eticista le dijo una vez que la deuda económica se espiritualizaba, se volvía moral, pero que ante todo “nobleza obliga”. ¿Y qué te debo? ¿Cuánto es? Y el arlequín contagioso enroscado en serpentina que iba cantando y bailando hacia un loco carnaval le dijo: Un café.
                Le sobraba el trabajo y le faltaba la plata. No sabía vivir de la salud, ni mucho menos currar con la enfermedad. La justicia no era un buen negocio. Tenía que hacer algo distinto, porque como venía la mano nunca nadie lo venía a enriquecer. Excepto en casos excepcionales contados con los dedos de una mano, porque su generosidad era recordada y reivindicada, porque todavía creía en que Dios es justo con los justos.
                Decía: “Feliz el que da sin recordad y recibe sin olvidar”               . Esa máxima era maravillosa.

22 nov 2018

Facultades Mentales Superiores


La educación universitaria en la provincia de Entre Ríos era un desastre, por eso el poeta surrealista del parnaso porteño se marchaba de Olivos con su castellano rio platense y su lunfardo, para ver por enésima vez una luz de almacén antes de navegar por las aguas turbias del Paraná, su corazón del litoral lo hacía más humilde, menos creído, más humano, menos sofisticado, más sencillo, menos acomplejado. En ese entonces leía “Padres e hijos” de Turgueniev, la Mesopotamia siempre lo inspiraba a leer literatura rusa. No le cerraban del todo el suprematismo y el constructivismo, corrientes de vanguardia “del cubismo y el futurismo al suprematismo”.
Quizás porque se sentía defraudado en su ancestral descendencia alemana que le tiraba por la rusificación pangermanista, esto según él le hacía más azul la sangre, que por cierto es más espesa que el vino. No le importaba si no era reconocido en las facultades; él ya era un profesional, un facultativo y con eso le bastaba para trabajar con los enfermos mentales, porque a su chapa le sacaba a diario tanto brillo que encandilaba a los que dudaban de su sapiencia, él no lo dudaba, hacía las cosas para complacer el deseo de su padre y de su madre. El hijo de puta era además de buena persona, un buen hijo, un buen hermano, un buen perro, un buen profesional.
Escuchaba una canción de un marinero de cabellos rubios, ojos de sal, al que habían dejado solo en alta mar por loco, desgraciado y pendenciero, entre sus sirenas de firmes colas que chocaban contra las rompientes de las olas que se formaban cuando él se despedía de ellas diciéndoles chau, me voy para siempre. Canturreaba: “De las entrañas de la bondad…un niño alado, el marinero y su sirena, los tres están, en alto cielo, en las estrellas, navegan juntos, navegaran”.
Algo le recordaba a ese poema en francés de Baudelaire que recitaba de memoria, “Les nuages”.        
Nunca dijo adiós, será porque a-dios gracias, y gracias hacen los monos.  Escribió en uno de sus recetarios membretados, un poema con un anagrama verticalizado:

Buscaba una aguja en un pajar.
Encontraba paja en un ajuar.
Reí como loco de los pajeros.
Teteaba con sus pechos.
Amamantaba con amor.

Pechos planos.
Atlética, fina.
Pechos firmes.
Alimenticios.
Nalgas firmes.
Hálito fresco.
Elástica.
Ideal.
Mía.

                Y era otro de sus juegos de palabras que ya no le causaban gracias, sino que era un pasatiempo que dejaba aflorar la materia prima de su inconsciente. Para los demás, perdía el tiempo, pero para él, lo encontraba. Pensaba que el tiempo se consume mientras tanto uno se desgasta leyendo libros en su tiempo libre.
                Sabía que iba a aprobar porque iría sin aires de grandeza, con la humildad de un grande. Razón por la cual se sentía seguro de sí mismo, porque no estaba fuera de sí.
No era suficiente caer sobrio, era necesario no ser soberbio.
Dicen que no hay que tirarle margaritas a los cerdos; pero como dicen allá en el rancho ñato: “la culpa no la tiene el chancho (que no sabe nada de aviones), sino el que le da de comer”.
                El cochino porquerizo tenía dos clases de puercos, el chancho de chiquero chico, y chancho de chiquero grande. Los chacinados y los chorizos de Entre Ríos, eran de primera calidad.
                En el acuario se preguntaba qué sería de él y no por las especies en cautiverio, sino por él; no sabía si era un pez gordo en pecera chica o un pez pequeño en el inmenso mar austral.
                Se decía, toda esa melaza que hacía erigiendo montañas de miel, sin un buen vino dulce, no tenía el sentimiento sensiblero que antes lo ponía romanticón y melancólico.
Era pura desesperación, un “reclamor”, un canto como el de las aves, el llamado perpetuo de la vida que tiende todo a hacerlo más complejo.
                Eran cuestiones que traía a cuento porque estaba aburrido de escribir insensateces para nadie, que nadie leía, que nadie iba a publicar, que nadie iba a dedicarle un prólogo o un epílogo.
                Era obvio que se había hecho solo y que no se debía a su público. Era una obra de arte su forma de concebir la vida. Ojalá tuviese repercusión algún día y el reconocimiento de algún grupo de literatos. De lo contrario tendría que cobrar un cheque y publicar ni bien tenga el filo en mano.
                Mientras que te entretenés hacés portmanteaus:
    
                               Deliterantes.
                               Anormalistas.
                               Dadá.
                               Alanistas.
                               Lombrosianos. 
                               Acuarelables.
                               Notantonta.
                               Dadá.
                               Imagogó.           
                               Artaudes.

                Una vez más se había encontrado preguntándose porque no se iba a la puta madre que lo re mil parió a pasar malicia y misiadura a otro lado, al viejo mundo, en vez de estar en una Argentina en ruinas, derruida, desbastada, devaluada, desencantada. Aunque todo sea una farsa, el participaba de esa sotié, en esa mascarada carnavalesca, en esas instituciones de salud mental, en los manicomios, en la puta calle. Pateaba Corrientes cagado de calor, esperando que alguien se le aproximase a pedirle un favor cuando se sentía capaz de salvar a alguien más que a su propio pellejo, y ese fue su más caro error, no se le acercaban cuando irradiaba luz, sino cuando más apagado estaba. Apagó el celular y se sintió aliviado. La pena siempre estaba ahí, porque al fin se lleva todo el olvido. Todo se hace parte de la memoria del olvido, o en el peor de los casos, el olvido de la memoria. Me río de mí y de mis sentimientos, señal de que he perdido el respeto por todo lo que tiene algún valor moral, hoy me encuentro perdido en palabras, y no puedo llegar a decir nada bueno. “A río revuelto ganancia de pescadores”, pobre el buscador de perlas que baja a fondo al fondo  y sube a pique a la superficie con las manos vacías después de haber abierto las conchas vacías. En el nacimiento de la Venus de Botticelli, vi algo más hermoso que ella, me identifiqué con los Dioses que soplan y arremolinan sus cabellos.
                Es penoso, cuando falta la inspiración, y triste lo que se escribe cuando uno sale mal de terapia, y angustiante lo que se transmite cuando alguien te traiciona y no te suben las endorfinas, para reaccionar, la inhibición no es lo que más bronca me da, sino el haber confiado en alguien.
                “El pez por la boca muere”.

17 nov 2018

Olivos en perspectiva

Desde el balcón, salía a mirar con la vista enferma solo lo que quería ver, lo grave del caso era que sin anteojos veía mejor que con ellos puestos.
Dejó de usarlos cuando se dio cuenta que con los ojos cerrados se ve mejor. Siempre lo supo, por eso dejó de estudiar oftalmología y se dedicó a las tuberculosis cutáneas, a impugnar pericias psiquiátricas, a hacer informes psicodiagnósticos para los cucarachones de tribunales, dejó de lado la Ética aristotélica y la protestante para posicionarse desde la ética del psicoanálisis para actuar, pensar y sentir según su deseo.
Le regalaron una mirilla para la puerta ¿¡Para qué!? Si nadie venía a visitarlo, para maltratarse los nervios, desgastar el soma por la pulsión escópica, ser un voyeur, no poder dormir tranquilo, pensando que en el pasillo estaba asechándolo la sombra de su aliado, el primer fantasma con el que hablar para poder salir.
Lo que vio desde arriba fueron barcos desarmado, veleros a la deriva que partían del puerto de Olivos y hacían el rol en San Isidro, ningún barco pirata, nunca una lancha, siempre la nave de los locos.
Estalló en mil formas, y supo que ella ya no estaría jamás en la zona de su alma, todo se voló con mil vientos que soplaron desde el Río de la Plata.
El boulevard Camacuá, era pintoresco, invitaba con sus bancos de hormigón a sentarse a tocar la guitarra por unas monedas o por nada. Era una materia pendiente para este verano, quizás sus planes se truncaran pero no tumbaban su neurosis obsesiva, seguía firme como rulo de estatua, la estructura era inmutable.
Y al ir pudo entender que estaba dando todo un río para pasar directo al edén con su dentellada herida, por su inspiración, o sea, su primer refugio ante la lluvia de noviembre, el viento y los ruidos que no paran de llamar en altamar.
Sus ojos brillaban, se secaban, nunca se humedecían, pensaba que no tenía lagrimales.

Dibujó un cocodrilo y salió de caza a matar un yacaré, lo mató, lo embalsamó y le puso dos farolitos de bolita en los ojos. Quedó boquiabierto, fue así como incorporó el tótem, tenía el poder de la mordida más poderosa de los ríos que dan al mar. Siempre que podía veía Cocodrilo Dandy, y le gustaba ir a Cocodrilo, atrás del Hospital infanto-juvenil Ricardo Gutiérrez. Dejó de ver y hacer Cocoladas británicas, conoció a Cocó Muro, pero eso no le cambió la vida, ni la forma de escribir.

15 nov 2018

Tertulianos


            El análisis de los artistas surrealistas siempre fue mi más alta aspiración como psicoanalista dadaísta. Con Freud, Dalí y Bretón, no tuvieron mejor suerte, más que una sola entrevista en el caso de Dalí, que le ganó por cansancio, pero muy a pesar de su insistencia, encontró en la forma de un caparazón de caracol que andaba en bicicleta, la cabeza rafaelezca de Freud, uno de sus mejores bocetos de un Freud próximo a la muerte.
            Bretón pese a sus misivas, jamás pudo tener el honor de conversar personalmente con Freud, tampoco tener una correspondencia, ni mucho menos estar incluido en su epistolario.
            Me inclino a pensar que Freud, siempre fue un romántico, demasiado instruido en las bellas artes que los demás. Amante de las obras renacentistas. Detestaba la música, posiblemente porque padecía de hiperestesia acústica.
Es entendible que el múltiple interés del psicoanálisis, lleve a los artistas plásticos, a querer ser parte del movimiento psicoanalítico y su círculo cerrado con efecto Zeigarnik.
El tema de las vanguardias es mejor abordarlo desde la filosofía del arte, y no de la historia, porque la filosofía del arte es capaz de capturar el ser del artista, y no limitarse al ente; interpretar lo subjetivo sin contextualizar, es decir, las ideas son el producto de pensamientos y no de condiciones socio-históricas. En todas partes la gente es la misma, con su neurona y su estímulo. Lo que cambia es el estímulo y no la neurona.
El psicoanálisis dadaísta, es inclasificable y está dentro de las profesiones imposibles. Tiene técnicas y dispositivos poco ortodoxos que llevan muchos años de aprendizaje y mucho tiempo de análisis. Hay que tener una preparación muy distinta a la de los psicólogos, y sin los conocimientos artísticos no se llega a ningún lado, la mediocridad y la ignorancia desvirtúan el análisis.
 Muchos opinan que la narcosis y la hipnosis, no son medios de cura, éticos. Digan lo que digan, es lógico, se asocia libremente y se reprime violentamente porque “de eso no se escribe, de eso no se habla, porque eso no se hace”. Si nos fijamos por la mirilla de la puerta de la percepción, podremos ver que es en el campo de las adicciones donde tenemos que detenernos a alucinar con el Otro.
No solo estructurar el inconsciente como un lenguaje, sino con un inconsciente que no miente, no falta, no está barrado, no está castrado, no es sede del código, dice solo la verdad y nada más que la verdad, porque no solo habla de ello, sino que escribe, y no solo escribe, historiza, pulsiona, produce, crea, o sea, lo hace hacer cosas.
            La prosa es un pasatiempo que se disfruta si es verdadera.
Las lecturas que valen la pena son las que conmueven, las que hacen pensar, las que dejan una profunda enseñanza, las que dan risa, las que asombran, las que tienen el poder de volarle la cabeza al lector.
He tenido la suerte de leerles mis escritos a varios personajes cultos y a tantos otros no tanto, y la repercusión nunca fue la que esperaba.
De vez en cuando, me gustaría obtener una repuesta, o siquiera una protesta. Nunca tuve el mecenazgo de nadie y es por eso que no puedo encontrar el momento de concluir. Si pudiera terminar y publicar, cambiaría de estilo. Me dedicaría a escribir el psicoanálisis y dejaría de lado toda connotación Dadá.
Quizás todavía sea necesario seguir escribiendo hasta el día que se me agote la inspiración, cosa que veo difícil, por el simple hecho de que además de ser analista, tengo los fantasmas del escritor, que me atormentan a mí como a Sábato. Lejos de entrar en comparaciones; hablábamos de la primer publicación de Borges. El estilo de Macedonio; el suicidio de Lugones, las frases de Marechal, la locura de los verdaderos escritores europeos. Esos autores que son inmortales y que llegaron en la cima y la miseria, a trascender en la historia de las obras maestras de la literatura universal. No es cosa fácil llegar, aunque siempre toca. Lo difícil no es subir, sino mantenerse. El delirio está siempre presente en las psicosis, y el discurso del psicótico naturalmente, es delirante. La literatura que no se puede publicar es un desperdicio de tiempo.  

1 nov 2018

Soy Panal


Los años son como los sueños, solo se tienen en cuenta cuando se cumplen. No te olvides que soy grande, porque maduré muy rápido y me pudrí muy lentamente.
Gracias a las cremas anti-age de “Panalab”, hoy soy Panal, por su fonética onomástica, por ser el anagrama de mi nombre sobre tu nombre. Nunca olvidaste recordarme que te recuerde en mi natalicio y eso me hace feliz, cuando te digo que sos todo, es porque vos sos lo más. Hubo veces en las que me sentí encerrado en tus celdas hexagonales, otra tantas me perdí de las aventuras de la abeja reina; nunca fui un zángano, siempre fui un obrero de tu querer.
Esta jalea real es el alimento que elaboro para alimentar a la larva que se convertirá en reina. Tiene un aspecto aceitoso de color algo dorado. Daría mi aguijón para protegerte.
No deja de tentarme en las mañanas la miel que deja el sol en tu ventana. Las abejas son insectos polinizadores de las más hermosas flores de mi jardín primitivo, petunias, amapolas, margaritas, claveles, geranios, rosas, caléndulas, girasoles, entre sus hierbas favoritas se encuentran las almendras, la alfalfa, el romero, la salvia, la manzanilla, el diente de león, el nabo, el trébol, el tomillo, el orégano, el melón, entre otras; lejos de hacer alarde de mis escasos conocimientos de botánica y floricultura, las menciono porque nos enseñan cosas bellas las flores. 
Así fue que la perfección de tu fitomorfísmo y la fragancia de tu gineceo, me atrajo, aunque tu flor jamás se abrió para florecer en mis 33 primaveras, para polinizar tu pistilo. La palingenesia, me llevó a la eternidad, después de ser virus fui bacteria, transmigré de parásito a insecto, de ameba a mono y tuve también formas metaloides: bromo, boro, cromo, cobalto, cobre, flúor, hierro, manganeso, molibdeno, níquel, selenio, silicio, vanadio, yodo y zinc, hasta llegar a ser un soldado de lata que lucha y que mata por vos, fui el hombre de la armadura de acero con corazón de piedra, y finalmente un poeta surrealista del Río de la Plata. Y era duro sacarle aceite a las piedras. 
Debo confesar que con RCP hubo ablandamientos. Una vez, me dormí a la sombra de mi aliado, vi mi alma salir de mi cuerpo, soñé un sueño profundo que duró 33 años, embotellé mi genio en cada botella que destapé y descorché; aspiré el éter de los inmortales, respiré en atmósferas con olor a hospital, llegué a internarme reiteradas veces en clínicas de la salud, para curar mi extraña enfermedad inclasificada en la casa de la risa, fui hasta el cabaret, toqué con las manos la balada de para un organito loco, te amé, sufrí y morí más de mil veces. Por eso escribo. Hace años que escribo poemas sin sentido y una sola carta de amor desesperada en la que no pude expresar mis más profundos y puros sentimientos hacia tu pequeño ser, del tamaño de un grano de la más fina arena y del valor de un diamante cortado. 
La verdad es que me duele que me niegues tu cuerpo, tu sexo y que abrigues en tus sentimientos hacia mí un poquito de amor, y jamás dejarme en el pasado para pasar a ser parte de la memoria del olvido. No te reprocho, ni te culpo por tomar distancia, pero quiero que sepas que escondo en mi adentro deseos que tengo pensado realizar y te advierto que si bien no te incumben, te incluyen, te hacen parte de mi vida porque no soy un tibio en esta larga historia, y al menos hoy necesito otra forma de vida, ya no quiero vivir como digan, quiero mirarte a los ojos y que me des vuelta, otra vez como antes, cuando lo enfermeril y el dosaje medicamentoso no me haga escribir palabritas en un cuaderno azul como el poeta de Adán Buenos Ayres. 
El idiota que fui al creer que un alma como la tuya podría tener el poder de salvarme de estas temporadas en el infierno fue mi peor error.
Cuando esté rehabilitado voy a pedirte la mano para salir juntos a pasear por nuestra ciudad natal.
Cuando pusiste un alto me vine abajo, me deprimí, pero mi manía me hizo resurgir de la penumbra del eclipse en el que me vi perdiendo la visión del tercer ojo para mirar por la ventana terapéutica que da al jardín de las delicias.
Espero que no me entiendas mal, “amar es amaré”, por eso ya no espero que vengas a verme, voy a ser yo quien se acerque a vos.
Cuando nos volvamos a ver te voy a dar las gracias por haberte hecho desear tanto en tu ausencia, la que postergó el encuentro de las almas quizás y motivó tanto mi tratamiento y la vuelta al mundo real, a la vida que quiero compartir con vos. 
Puede que te de terror, miedo y desconfianza verte reflejada en mi espejo interior, una personalidad tan trastornada, manicómica, que encanta y que no ha alcanzado la perfección de sus virtudes. Este verano vamos a navegar en velero a Brasil, para que no vuelvas a México, sin hacer el amor conmigo. En un futuro no muy lejano quiero viajar a Milán con vos para que vivamos en Europa. Para eso tengo que confiar en mi amor. Tengo curiosidad, quiero saber de vos, que pensás, como te sentís, y me da mucha impotencia estar tan lejos y tan cerca. Es importante que sepas que toda mi vida estuve enamorado de vos, de lo contrario no te dedicaría este loco manifiesto, sintomático y/o malsano. Nunca pude obligarte a que me ames, sé que los sentimientos no se eligen, pero me siento capaz de amarte más que a nadie. Tengo esta ilusión y tengo este dolor, quiero jugarme la vida en esta apuesta, sin arrepentirme de la moneda que tiré a la fuente de los deseos. Hay otras formas de decirte lo que siento, mandándote regalos, orquídeas, pero no, es por escrito, primero fue a mano para no perder mi tacto divino, finalmente fue más clara mi letra pensada. Más legible, tranquila, sin el pulso tembleque, inclinada hacia el futuro, despegada del renglón por mi afición fantástica a lo infinito. Me cuesta darte por perdida y quizás sea esta la primera de una serie de misivas parte de un largo epistolario. No creo ser tan malo escribiendo. Las cartas son una forma romántica de expresarme sin emociones fuertes, es decir, son puro sentimiento. 
Hoy dejó para siempre el pañal, para ser panal, y no ser banal. Sé que no soy un billete de $100, ni tampoco U$D 100 para que me quiera todo el mundo, por eso sigo insistiendo con vos, como aferrado, sujeto, clavado, “cling”. Siento que puedo hablarte en silencio y que me hace falta saber qué efectos puedo causar en tu bello rostro, que voy a dibujar en carbonilla, para mandártelo cuando obtenga un acicate, por todo esto escribo, por el aire que respiro en cada intervalo que te imagino sonreír, en todo tu esplendor y magnificencia real. Me siento capaz de recuperar tu querer y quiero hoy tal como ayer volver a aparecer con el doble de ganas de estar con vos compartiendo el tiempo perdido en estos años de internaciones, en los que me he hecho amigo de las sombras, de los relojes de arena, de las agujas con su eterno tic-tac, de las pastillas, los caramelos media hora y de todo lo que hace cucú.
Algo en los jardines me inspira confianza como para mandarme con toda esta prosa al frente y seguir y seguir y seguir haciendo por siempre un asilo en tu corazón, ese que un día perdí y estuvo tan al resguardo y que se escudó en el pecho de la pendeja que siempre me dijo que no. Voy a seguir por esta línea en esta hoja. Tus sistólicas pulsaciones tienen que causarte taquicardia y no bradicardia, lejos de causarte un paro, pretendo que te pase como a mí.
Tuve tu amor y en mi quedó algo, un sabor amargo bajo piel, no puedo creer que a medio paso de tu amor, nunca pude probar la miel de tu piel, nunca perdí la fuerza, el coraje y el valor para decirte que te amo. No está de más que de cuando en cuando lo sepas. Recuerdo que nunca te lo dije al oído, pero mi capricho es ley, por eso vuelvo a insistirte, porque para mí un no, es un si negado. 
Quiero saber que te causa esta invitación y si te da motivos para reconsiderar no lastimar más mi pobre corazón herido por vivir. Es una oportunidad que le doy a este pobre amor en llamas que late en mí. Puede ser que no te cause ni siquiera asombro tener a semejante rata de albañal atrapado en tu trampera. Ya estoy lejos de la trampa; porque creo en los milagros, porque estoy hecho un santo, porque mi voto por el celibato me está costando mucho. La abstinencia es la parte más pesada de la distancia en la lejanía. Extraño la buena vida, el lujo, el placer y la caricia que evita el derrumbe de mi espíritu bajo tus pies. Quiero acabar la línea cuando me broten las palabras que nunca pude decirte al oido.